Desde Sagües hasta Pasaia

02/08/2017 - Una excursión que pocos conocen y que sorprenderá seguro

Rutas. Uno de los caminos más recomendables y sin embargo poco conocido, es el que lleva por las laderas de Ulía desde Sagües hasta Pasaia, por el camino de la fuente de la Kutralla y el Faro de la Plata. El camino es sencillo, no tiene pérdida y lo podemos completar con paradas para sacar fotos hermosísimas, en un par de horas.

Recomendamos no salir con botas de monte ni con mochila como para varias semanas, basta con un par de zapatillas deportivas y en todo caso una cantimplora con agua y un Kit Kat o similares como barritas energéticas, un sandwich o pollo asado al chilindrón. El camino se puede hacer al revés, pero hoy lo hacemos desde el barrio de Gros. Obviamente y como siempre recomendamos a nuestros seguidores, hay que hacerlo temprano para evitar los calores y sin la suegra, que podrá ir eso sí en bus hasta Pasaia y en todo caso esperarnos a tal hora. Hora que nunca se cumple.

El corresponsal de Donosti City dio buena cuenta de entrada en la nueva taberna frutal de la Zurriola, La Pepa, de un potente desayuno a fin de salir con energías. Y así fue. El zumo fue apoteósico. Desde la gasolinera de la Avenida Navarra subimos las empinadas escaleras de la calle Zemoria para tomar el camino cementado que sube con frenesí hasta debajo del Mirador de Ulía. Es el tramo más duro pero no se desmoralicen porque ya no habrá otro igual y las vistas que se contemplan desde el primer mirador son espectaculares.

Llaneando por el antiguo camino de ferrocarril sigo por el sendero que me llevaría al alto de Ulía encontrando un cruce. Voy por el camino de la izquierda entrando en un pequeño sector que más parece la selva amazónica, pero en apenas dos minutos alcanzo un altillo que ya me deja en los acantilados de Ulía donde viven gran parte de las gaviotas. Sigo por el evidente camino que enseguida ofrece a la vista un árbol en forma de arco sobre el camino y que tendré que pasar por debajo. Con alegría saludamos a paseantes y muchos peregrinos, sobre todo franceses, salvo un croata al que quise entrevistar para Donosti City pero al no entendernos lo dejamos para otra ocasión.

Enseguida llegamos a la famosa Fuente de la Kutralla donde las lavanderas de los hoteles subían a lavar la ropa, pobrecitas. Entro en la calzada de Josetxo Mayor, el guardián de Ulía, hombre que dedicó su vida a cuidar el monte. Bajo en picado por esta calzada para observar a la derecha otro mirador de madera con fenomenales vistas. Subiendo y bajando un poquito , nada más pasar otro curioso árbol en forma de U, termino el primer sendero para llegar a otro cruce. Tomo una pista cementada hacia la derecha en lugar del camino que seguiría bordeando el mar, a fin de llegar a la Comunidad de Las 12 Tribus casi en Mendiola. La pista con calor es insufrible, solo son unos 500 metros a un 10-12%. Y yo maldigo mi suerte.

Menos mal que enseguida ya en el camino de Mendiola que cogeré a la izquierda, encuentro el bonito rincón de la citada comunidad, un remanso de paz en el monte. Gente acogedora y que transmite paz nos llena una taza de café de los que hacía la abuela, con un par de pastas finas. No dejen de visitarles.

El café me hace volar y tras llegar a Mendiola tomo a la izquierda el fantástico camino del Faro de la Plata, el Faro más bonito de toda nuestra costa. Me cruzo con cantidad de excursionistas que vienen desde Pasaia. Es curioso, pero el saludo variaba entre el agur ( 20 % ), bonjour ( 20 % ), hasta luego ( 20 % )… dominando para gran sorpresa el Epa ! con el 40 % restante. Lo cierto es que el camino no tiene desperdicio, viendo el mar, calas naturales, varios tramos de acueducto y el precioso Faro. Al llegar al rellano del Faro observo con sorpresa que han adecentado el mirador sobre la entrada de Pasaia, admirando las potentes laderas de Jaizkíbel.

Voy ahora por la carreterita ( solo para vehículos autorizados ) que enseguida me deja a la izquierda en el empinado camino descendente del Faro de Senokozulua, con cuidado de no tropezarme. Ya abajo todavía podría llegar al final del espigón de la entrada del puerto para escuchar de cerca el susurro del mar. Termino el recorrido pasando por el Museo Albaola, de obligada visita como ya reflejamos en otro artículo. Una vez en San Pedro y al encuentro de la suegra que no olvidó decir… “ ya era hora, ande estabáis “… decidimos si volver a Donosti o pasar a Donibane , pueblo inolvidable con varios artículos en Donosti City.

Así completo feliz un recorrido que no nos dejará indiferentes y que seguro repetiremos en más ocasiones.


Carlos Bengoa